El Pago De Carraovejas Reserva 2004 está elaborado 100% con Tinta Fina (Tempranillo).
Crianza de 12 meses en barrica nueva de roble francés.
Clarificado con clara de huevo natural y embotellado en Mayo de 2006.
Nota de cata: Color rojo cereza con matices granates. Nariz intensa, armónica y compleja. Boca golosa y envolvente.
Los críticos opinan...
Robert Parker: 93 puntos(01/02/2008)
El Reserva 2004 fue envejecido durante 12 meses en roble nuevo Francés. De un color púrpura profundo, tiene aromas complejos con un carácter ligeramente tostado, notas minerales, violetas, zarzamora, y arándano. Untuoso y suculento en el paladar, tiene sabores intensos, una buena densidad, y suficiente estructura oculta como para que este vino dure una década.
Guía Proensa: 94 puntos(01/01/2008)
Evolución: 2012-2014. Gastronomía: asados castellanos, aves de tiro, judías con perdiz. Tinto Fino; un año en barrica (francés). Sólido y serio. Elegante en la nariz, con poderosa finura en la boca. Aroma concentrado y sugestivo, con base de fruta bien madura, minerales, especiados, florales, café y tinta. Goloso y consistente, carnoso, graso, finos taninos, sabroso. Consumo: 18ºC.
Maridaje: Asados, Carne a la Parrilla, Carnes Rojas Guisadas, Caza de Pluma y Pelo, Estofados.
Corrían los años 80 cuando José María Ruiz Benito, gran conocedor, ya en aquel entonces, del potencial de la Ribera del Duero, tenía la gran ilusión de crear su propio vino para acompañar al cochinillo, el plato estrella de su restaurante: el Restaurante José María, en Segovia. En 1987 José... María Ruiz encabeza un grupo de segovianos amantes del vino concibiendo el proyecto de crear una bodega en una buena zona de vinos tintos. Eligieron la Ribera del Duero por su proximidad geográfica a Segovia y por ser la zona con más futuro dentro de los vinos españoles. Muchos estudios demostraron que las laderas de Carraovejas, muy famosas en Peñafiel por ser el mejor maduradero de la comarca, constituían el enclave ideal y la tradición así lo demostraba: los viejos del pueblo recordaban cómo los vinos procedentes de Carraovejas eran los más apreciados cuando salían a la venta. Ubicada a tres kilómetros de Peñafiel, en la solana de los valles del río Botijas, un apéndice del valle del Duero, del que tan sólo le separan cuatro kilómetros, la finca goza de un microclima en el que se conjugan los efectos dulcificadores del Duero, los vientos dominantes del Oeste, que favorecen la buena sanidad de la uva, y la orientación Sur de las laderas de suaves pendientes, protegidas del dañino viento del norte, así como de las heladas primaverales y otoñales. Es aquí donde se consigue lo que necesita un buen viñedo: Sol y aire.