El Guelbenzu Azul está elaborado con Tempranillo (100%). Crianza de nueve meses en barrica de roble francés y americano.
Nota de cata: Color rojo cereza de capa alta. Nariz: compleja, con notas de fruta roja, especias y ciruela. Boca: Cuerpo, estructura y persistencia en boca, con madera muy bien integrada.
Los críticos opinan...
Wine Spectator: 84 puntos(30/06/2009)
Con borde rojo afrutado y sabores a grosella y frambuesa y matices de chocolate. Un poco confitado, pero vivo y animado. Tempranillo, Merlot y Cabernet Sauvignon. Para beber ahora y hasta el 2011.
Robert Parker: 89 puntos(01/05/2009)
El Guelbenzu Azul 2006 muestra un color carmesí. Mezcla de Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Merlot y envejecido durante 12 meses en roble francés. Con aromas ligeramente herbáceos. Cassis y sabores de mora en el paladar. Maduro, especiado y equilibrado, tiene estructura suficiente para evolucionar con gracia otros 2-3 años. Se puede beber hasta 2018.
Maridaje: Asados, Carne a la Parrilla, Caza de Pluma y Pelo, Estofados, Legumbres, Quesos Curados.
La historia de Guelbenzu se remonta al año 1851, aunque es en 2001 cuando experimenta un gran impulso con la inauguración de la nueva Bodega en Vierlas, zona limítrofe entre Navarra y Aragón.
En la construcción de la Bodega primó fundamentalmente... el respeto al entorno, la optimización de los espacios y las condiciones óptimas de guarda termométrica, habiendo conseguido unas instalaciones que se integran perfectamente con el paisaje y los viñedos y, al mismo tiempo, resultan excelentes para la elaboración y crianza de los vinos de Guelbenzu.
Guelbenzu cuenta con 46 hectáreas de viñedo ubicadas en Vierlas, en pleno Valle del Queiles, en el pago La Lombana.
La Lombana es una finca de forma alargada compuesta por materiales del periodo terciario, con más de 22,5 millones de años de edad. El suelo, pedregoso y de baja fertilidad, resulta extraordinario para el cultivo de la vid por su textura, drenaje, bajos rendimientos, capacidad de resistencia a la sequía y bajo riesgo de heladas.
La cercanía del monte Moncayo provoca que las oscilaciones térmicas entre el día y la noche sean muy elevadas, lo cual contribuye muy positivamente a la formación de los taninos y antocianos, imprescindibles para la elaboración de vinos redondos, con cuerpo, carácter y capacidad de crianza.
Además, el viento que sopla en la zona, el cierzo, es un viento frío, seco, fuerte y constante, con una importante capacidad desecante, lo que favorece la evaporación y evita la formación de nieblas y humedades.